IMPERFECTAMENTE PERFECTO

Publicado en por Juana Música


L
a
historia es más o menos así. Era la noche del jueves de finales de julio, yo estaba cansadísima, había estado de aquí para allá durante todo el día; que arreglando asuntos de trabajo, que pagando cuentas, que comprando en el super. Y mi gran panorama gran, era dormir. Si sólo mirar la cama, se me hacía agua la espalda*. Fue entonces que sonó el teléfono. Era "el Tirilla", amigo de Rorro, ex compañero de la U. Me preguntó si podía ir al dpto. Ante mi pausa prolongada, agregó, como para persuadirme, ¿y, si llevo un vinito, ahhh?. Pensé bueno la vida es corta y, total voy a dormir por el resto de la eternidad, y luego de ese análisis profundo de la situación, respondí no muy convencida; sí... sí ven no más, pero que sea corta la visita, mira que mañana tengo que hacer unos trámites temprano, a lo que él respondió; sí, sí, claro si mañana yo trabajo y, colgó.

Pasaron cinco minutos y sonó el timbre, que rapidez pensé y, de mala gana abrí la puerta. Para colmo venía con un amigo, los dos llegaron medios curaos*. Hablamos un rato mientras "el Tirilla" se movía de un lado para otro, hablándole al amigo, a mí y, a su celular, - todo a un mismo tiempo - yo pensé debe ser el efecto de la pasta base, el tipo tenía fama de angustiado. Luego de un rato de amena charla, partimos a un tugurio a orillas de la playa. De ahí, nos terminaron echando, al Tirilla y a mí - el amigo, se había ido para su casa, dos horas antes.- Vamos a cerrar nos dijeron y, nos enfilaron amablemente a la puerta, no tuvimos derecho, ni a voz ni a voto y, salimos de ahí con dos vasos plásticos llenos de un brebaje ponzoñoso, el que no parábamos de beber, - es que era adictiva la cochináa* - nos sacaron del local con un, vuelvan mañana chiquillos, los esperamos. Y fue así, como partimos de aquel local tomados de la mano. No, no de enamorados, sino para no sacarnos la cresta* en mitad de la calle. Caminamos un trecho corto, cuando de repente él paró en seco y me dijo, aquí vivo, a lo que yo respondí, ya, chao entonces. Pero al soltarme la mano, me di cuenta de lo mariadita que estaba y la lata que me daba devolverme sola al dpto, y le pregunté, ¿me puedo quedar contigo?, e inmediatamente aseveré; no te pases rollos, si no vamos a hacer nada de nada. Él me miró y sonrió. Y, nos encaminamos a su cuartucho.

Hacía unos meses que "el Tirilla" se había separado de su conviviente de cinco años - lo sé, porque me lo repitió durante toda la noche - Y había arrendado la pieza para pegarse sus pipazos*, sin que nadie lo interrumpiera y, de paso para revolcarse con sus conquistas de ocasión, en ese orden de prioridades, bueno eso fue lo que me contó él. El resto de su vida transcurría tranqui- tranqui en la casa de sus padres, ahí comía y dormía durante los días laborales. Los fines de semana siempre los terminaba en su cuartucho feo, como me confesó mientras trataba de abrir la puerta. Es decir llevaba una vida transversal, como suele decir él, unía dos realidades opuestas. Hogareño de lunes a jueves y, viernes en la noche, sábado y domingo se convertía en un poli adicto reventado, dos vidas, dos mundos. El tranquilo y bueno con sus "canutos papis" y el sórdido y "malo" con putas y travestís, los cuales frecuentaba para conseguir la droga.

Entramos. La pieza era un desastre, para empezar no tenía ventana alguna - lo que me causaba claustrofobia-. un colchón tirado en el suelo, hacía las veces de cama y, el piso estaba completamente sembrado con papelillos y botellas de cerveza, Corona, de las grandes, - ¿de cuantos c.c. serían?, bueno eso no importa ahora, la cosa es que eran muchas, y todas ellas estaban completamente vacías, claro está - a las cuales tenía que esquivar para no caerme y así, llegar invicta a la meta. ¡El colchón!. Los dos nos acostamos vestidos. "El Tirilla", al extremo izquierdo y yo, al extremo derecho, bien separados. Durante la noche, me sentí incómoda con la ropa y me la saqué, juro que fue por un asunto de comodidad y nada más que eso, total él estaba raja*, y lo más seguro es que no despertaría hasta la mañana siguiente, momento en el cual yo esperaba estar bien despierta y completamente vestida.

De pronto sonó el despertador. ¡No!, no podía ser, si acababa de poner la cabeza en la almohada. Miré, y ahí estaba, "el Tirilla", con la cara pálida y desencajada. No paraba de repetir las cagué, las cagué otra vez, ¿¿¿cóoomo???, si yo no puedo carretear* entre semana, ¿por qué lo hice???, se lamentaba. Pero si estoy demasiado loco, estoy loooco, si me hace muy mal mezclar pasta con copete*, sí, sí, es el copete el que me hace mal. No tomo nunca más, nunca másss. No puedo ir a trabajar así. ¡¡¡NOOOO!!!, no puedo ir a trabajar así, ahora si que me echan, ahora si que me echannn. Yo lo miraba y lo miraba. Y, sí. Yo también pensaba que la habíamos cagado. Si bien es cierto yo no tenía que ir a trabajar ese día, si tenía que arreglar unos asuntos familiares y, pensaba por la cresta anoche debí haberme ido al departamento. Ahora voy a agarrar todo el sol - dicho sea de paso bastante cabrón en el norte - y voy a fermentar en el camino. ¡¡Ayyyy pero que lata!!. De repente al Tiri se le iluminó el rostro, y me dijo llama, llama mientras me ensartaba su celular en la cara. Llama a mi trabajo y di que eres mi pareja y que estoy mal, mal, maaal, que no sabes que es lo que me pasa y que me vas a llevar al hospital, de urgencia. Después yo me consigo una licencia médica y listo, acotó. Y obedeciendo sus órdenes sin chistar, así lo hice, y llamé.

Luego de la misión cumplida me paré en silencio y me empecé a vestir. Mientras "el Tirilla" repetía desesperadamente su monólogo; la volví a cagar, la volví a cagar, y que le digo a mi papá ahora, cresta,¡¡¡ la volví a cagaaar!!!. De repente en voz casi imperceptible me dijo "quédate conmigo, no me dejes solo", no sé si fue el tono de súplica en que me lo dijo o, la mueca que hizo al finalizar la petición, pero la cosa fue que me paralicé, y luego sin pensarlo dos veces, me comencé a sacar el pantalón, sin decir ni media palabra y, me acosté a su lado nuevamente. Él en un acto casi automático, de agradecimiento supongo yo, me empezó a leer en voz alta un cuento que había publicado, Betty Boo, creo que se llamaba o algo así. Mientras lo leía, me miraba la cara y sonreía. Cuando terminó me dijo que era su historia con una mina casada, a la que se comía cuando el marido no estaba, hicimos una pausa y nos reímos. Luego en un segundo de locura el Tirilla se levantó y empezó a tirar al suelo todo lo que pilló sobre su escritorio y en un movimiento felino saltó sobre el.

Ya sobre el escritorio usándolo como escenario, empezó a moverse histriónicamente y a leer cuento tras cuento. La imagen era casi mágica. En el techo había un tragaluz, por el cual entraban unos rayos de sol. Sus movimientos hacían que su cuerpo se viera en claroscuro. Yo lo miraba y sentía algo caliente que me recorría el corazón. Era una sensación mezcla instinto maternal y deseo, ahora que lo pienso, ¡que degenerada la weáaa! - si me parecía un niñito de kinder, recitándole a la mamá en el acto cívico del colegio, y yo henchía mi pecho de orgullo, como pato pechugón - Él hacía de repente alguna pausa y me miraba de reojo, a lo cual yo contestaba con una sonrisa. Al finalizar sus historias se encogió de hombros en un movimiento casi infantil. A lo cual yo respondí con un chiflido y un bravo, bravííísimo, mientras aplaudía como enajenada. Él me miró sonrió e inesperadamente, se lanzó y voló por el aire, del escritorio al colchón, aterrizando justo entre mis piernas y mis brazos, nos empezamos a reír estrepitosamente. De repente paramos de reír. Nos miramos fijo a los ojos y su mirada parecía atravesarme. Nos dimos un beso laaarguísimo, que fue sólo el comienzo de miles de caricias y juegos que vinieron a continuación. En eso se nos pasó casi todo el día.

Al finalizar nos vestimos rápido. Y nos despedimos con un mutuo, si me necesitas llámame. Él se subió a un taxi que lo llevaría a marcar tarjeta* a la casa de sus papás y, yo subiría al departamento a arreglar unos asuntos laborales. Y mientras el taxi se alejaba, yo sentía que un trocito de mi corazón se iba con él en ese taxi. Después de eso hablamos un par de veces. Unos días después yo volví a Santiago. Al despedirme de él, le aseguré en un efusivo abrazo que volvería a más tardar en dos semanas. Ya van más de cinco meses. Y no sé si algún día se vuelva a dar otro momento tan IMPERFECTAMENTE PERFECTO.


*Se me hacía agua la espalda= Lo único que quería era acostarme a dormir

*Curaos= Curados, ebrios, cocidos, beodos, bebidos, borrachos

*Cochináa= Cochinada, porquería, asquerosidad

*Sacarse la cresta= Caerse estepitosamente

*Pegarse sus pipazos= Consumir pasta base con el adminículo, pipa

*Estaba raja= Estaba cueva, que ya no se da más, cansadísimo, falto de fuerzas

*Carretear= Irse de parranda, juerga, jarana

*Copete= Licor, dícese de la bebida que al ingerirse sin medida, te deja curado

*Marcar tarjeta= Dar aviso del lugar en donde uno se encuentra y lo que se está haciendo - esta información se debe dar con lujo de detalles - a los superiores, ya sea este el jefe, los padres o la pareja

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irun fergaus 05/29/2009 23:17

Hay pocos momentos de estos en la vida, hay que aber disfrutarlos ;)Vuelve pronto con nosotrosbesos

JUANA MÚSICA 05/30/2009 23:25



HAY MOMENTOS, QUE MÁS VALE DEJARLOS COMO BONITOS RECUERDOS. PORQUE UNO INTUYE QUE, ES UNA DE ESAS HISTORIAS QUE ESTÁN MUERTAS ANTES DE NACER. UN INSTANTE, QUE LA LEJANÍA, EN EL TIEMPO Y EN EL
ESPACIO, LO HA RECUBIERTO CON UN VELO DE FANTASÍA

BESOS



León 03/07/2009 01:48

juana... Me sorprendiste grata mente...