LA FÁBULA DEL OSO Y EL POLLO

Publicado en por JUANA MÚSICA


Iba en el autobús y el semáforo dio el rojo, el bus se detuvo y en un acto reflejo miré hacia afuera, ahí estaba, lo vi, era él, era el Oso, hacia años que no lo veía. Estaba igual, era como si el tiempo no hubiese pasado por él y, como siempre, estaba rabiando, esta vez lo hacía porque el auto delante del de él, no partía, como si por tratarse de él, el otro conductor se iba a pasar la luz roja. Sonreí y busqué su mirada, hasta que por fin la encontré, al verme, abrió los ojos como si hubiese visto un fantasma, y de cierta forma, supongo que lo era, yo moví la boca para decir hola, lo hice sin emitir sonido alguno, como en un secreto,  y él me respondió con un movimiento de ojos para que me bajara, yo contesté que no, y, lo que en un principio era cara de sorpresa, cambió en un ademán de mandato, BÁ JA TE, insistió. Y bueno como yo reacciono mal a las órdenes, le respondí, NI CA GAN DO, mientras recordaba la debacle que había quedado en el último encuentro, de nuestro raro, clandestino y tórrido romance. La luz verde puso fin a nuestro encuentro de miradas y muecas y, el bus partió.


Como era de esperar al bajarme en el paradero, vi su auto detrás del bus, al mirarlo me hizo un gesto para que me subiera. Y así lo hice, al subirme al auto lo primero que dijo fue; ¡Pollito, tanto tiempo!, ¿Pollito?, ni siquiera recordaba que me decía así... Pollito. ¡Ya no usas el piercing!, a lo que yo contesté batiendo la cabeza en señal de un no. Y luego empezó a recordar episodios y fechas de nuestra biografía juntos, no sé porqué, pero cada vez que la gente empieza a rememorar excesivos detalles de encuentros anteriores, automáticamente, yo los olvido. Es como si sintiera un secreto placer en irritar al otro con mis olvidos. Y luego de ponernos al día del acontecer en nuestras vidas, en estos últimos años, se despidió con un vengo mañana en la noche, a las nueve y, sin esperar respuesta a su autoinvitación, se fue. ¡SEGUÍA SIENDO EL MISMO TIRANO DE SIEMPRE!

Cuando lo vi por primera vez, su contextura corpulenta y su vozarrón algo aguardentoso, inmediatamente me llevo a pensar en un oso, en un oso grizzly. Y, a partir de ese minuto para mí fue, "El Oso". Podría haber sido mi padre pero no lo era. Y fue así, como entre nosotros nació una atracción, una atracción fatal, de esas que todos guardamos en nuestro historial de amoríos.

Éramos y, somos polos opuestos. Él siempre se ha preocupado de seguir el camino trazado, con todas las reglas y prejuicios que esto conlleva y, de tener todo bajo control y a todos bajo su control, como buen soldado. Y yo, bueno yo, siempre inventando mis propios caminos que no conducen a ningún lado, no obstante, me dejan justo en donde quiero estar.

No sé que fue lo que me atrajo de él, supongo que era esa imagen paternal, que en aquel momento necesitaba. Fuerte, cariñoso, protector, controlador… lo mismo que años más tarde, terminó por sofocarme y me hizo desertar, en el preciso momento en que huiríamos a otra ciudad, a formar una familia, nuestra propia familia.

 
En represalia a mi fuga, él escribió una carta a su señora – ¡ahhh si!, se me había olvidado ese detalle, él, era casado – en donde daba mi dirección de ese entonces, bueno la dirección de mis padres, mis teléfonos y en la que contaba con lujo de detalles nuestra relación de tres años, creo que lo único que no reveló fue, mi talla de calzón. 
 
Recuerdo como si hubiese sido ayer, ese domingo en el que llegué a la hora del té a la casa de mis papas, inmediatamente sentí todos los ojos clavados en mí, yo hice una seña de saludo a la que nadie contestó, intuyendo que algo malo pasaba, enfilé rumbo a mi pieza. Antes de emprender la graciosa retirada, escuché la voz de mi papá, que me dijo en un tono algo preocupado; UNA MUJER TE ANDA BUSCANDO. ¡CUÍDATE!… TE QUIERE DAR UN BALAZO - eso fue todo lo que se habló del tema - No fue necesario que me dijera nada más, enseguida entendí de que se trataba. Y como la mujer era de armas tomar, luego vinieron las constantes llamadas amenazándome, insultándome, a mí y a mi familia, a lo que pusimos fin, cambiando todos los teléfonos de la casa. Bueno después del temporal vino la calma y todo quedó en nada, él siguió felizmente casado y yo, seguí felizmente libre. Y así, nuestra historia se dio por concluida. Nunca más supe de él.
 
Hoy, el citófono sonó a las nueve en punto, ni un minuto antes, ni un minuto después. No sé, pero me alegré de que llegara. Al abrir la puerta, ahí estaba él, sonriendo, con un chocolate en una mano y una botella de cabernet en la otra. Inmediatamente brinque sobre él y enrosque mis brazos en su cuello y mis piernas en su cintura, como en los viejos tiempos. Todo fue como antes, como si los años no hubiesen pasado. Y en esas horas en que mi cuerpo estuvo enredado en sus brazos de oso, volví a ser el Pollo adolescente, indefenso y malcriado que fui y, que muy dentro de mí, aún sigo siendo.

La moraleja de esta historia es, que no hay moraleja. La vida se vive como venga y, la gracia está en saber disfrutar lo que a uno le toca vivir. Entre menos prejuicios, miedos, culpas y rencores se tengan... más se disfruta, porque a fin de cuentas, quizás esta sea la única oportunidad de experimentar esto... ¡¡¡ESTAR VIVOS!!!

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